La discreción es la virtud de las virtudes, pero dista mucho de obtener éxito en la vida diaria. El amante que ponga en juego esta virtud con la esperanza de éxito sufrirá una amarga decepción, porque a las personas prácticas les resulta sospechosa, y la consideran disimulo o hipocresía refinada. En cambio, quien carece de discreción, el individuo que se adelanta a los otros, se considera un compañero ideal y confiable. Las personas prácticas consideran peligroso al hombre discreto; se lo cree tímido, pedante y algo perturbado. Las personas poco prácticas y que tratan de disfrutar de la vida lo encuentran molesto, porque al discreto no le gusta vivir a la ligera; les parece que el discreto los acusa y juzga. En consecuencia, como el discreto acrece de éxito y popularidad, debe consolarse diciendo: “¡Qué alto es el precio que debo pagar por el bien más preciado entre los hombres! ¡Pero vale la pena! “
El caminante y su Sombra, F. Nietzsche












